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No hay quien le tosa Finalista El Sevilla, muy superior, pasa por encima del Villarreal en un partido lleno de incidentes y opta con fuerza a lograr su quinto Trofeo Carranza Efectivo Luis Fabiano consiguió los dos goles de su equipo antes de que se llegase a la media hora de juego Dos goles de Luis Fabiano metieron al Sevilla en la final Trofeo Carranza. La quinta era el objetivo del Sevilla y ésa está al caer tras un partido en el que el equipo de Jiménez se mostró insultantemente superior en el tiempo que duró el partido, que no pasó de la hora. El resto fue una pelea barriobajera que empezó el equipo levantino y que pudo desvelar que entrambos quedan muchas cuentas pendientes. Pero en tiempo de fútbol demostró el Sevilla que ahora no hay quien le tosa. Se trataba de la penúltima vuelta de tuerca para una pretemporada ilusionante y, además, la cita con un igual. Emergente, pero un igual que pelea por lo mismo en la Liga doméstica y que llegaba a Cádiz con el objetivo de meter su nombre en el cuadro de honor del Carranza. Pero es que también el fortísimo Sevilla llega a la cita como al reencuentro con algo tan incrustado en su historia como es el trofeo gaditano. A la hora de autos, la alineación muestra a qué ha venido el Sevilla a Cádiz. Ni una sola probatura más, lo mejor con lo que cuenta si exceptuamos que Capel se queda en el banquillo a la espera de que el partido le reclame. Juega Javi Varas en la portería defendido por Sonko, Squillaci, David Prieto y Fernando Navarro, doble pivote para Maresca y Romaric, interlineado con Jesús Navas, Renato y Adriano para que el punch se fíe a ese depredador del área que atiende por Luis Fabiano. Y bien que va a justificar el paulista su condición de nacido para el gol. Dos chispazos letales hacen que el Sevilla encarrile con más facilidad de la prevista un partido que tendrá poco de amistoso. Con la nota negativa del desolador aspecto de las gradas, cortísimas de afluencia, el partido se encona desde muy pronto, desde que en el minuto 6 Bruno caza a Luis Fabiano para que segundos después sea vengado por Konko. Es un bolo, pero no lo parece. Lo que sí parece es que el Sevilla se muestra infinitamente superior a la diluida tropa de Pellegrini. Perfectamente ubicado en cancha tanto colectiva como individualmente, moviéndose a la voz de Maresca, con la defensa achicando espacios de forma magistral y con Romaric demostrando que tiene una barbaridad de llegada, el Sevilla lleva al Villarreal de costero a costero para que el primer gol caiga cuando acaba de superarse la barrera del primer cuarto de hora. Romaric gana un balón alto por terrenos de la media luna, Renato da un pechazo al hueco y, sin dejarla caer, Luis Fabiano engancha un zurdazo inapelable. La razón se impone y el Sevilla juega y también aprieta los dientes y se faja cuando así lo demanda el guión que se desarrolla en la agradabilísima noche junto a la Bahía. Van ya 24 minutos cuando el Villarreal se encuentra con posibilidades de hacer daño, pero el libre de Senna, aunque por poco, se va al limbo. Lo que no se irá al limbo, dos minutos después, es la segunda volea de Luis Fabiano, ahora con la diestra, en balón que cae ganado arriba por Squillaci. Quien está en Champions es el equipo amarillo, pero no lo parece. Está tan a merced del Sevilla que pueden caer más goles en la jaula de Viera. Es mucha la superioridad en la plataforma central del campo, en la retaguardia y letal arriba. Lástima que Jesús Navas no esté en buenas relaciones con el gol. Con su capacidad para desbordar, los goles podrían llegar en cascada. Una rosca de Cani se va fuera por poco y un tirazo de Ibagaza desde el borde del área hace que Javi Varas también tenga su cuota de lucimiento. Pero el partido está desabrido. El Villarreal que desenterró tan tempraneramente el hacha de guerra, no termina de aceptar el correctivo que le está cayendo y el primer tiempo acaba con las hostilidades abiertas de par en par. Varias trifulcas en los últimos minutos dejan bien claro que de bolo sólo tiene que es en agosto y en Cádiz, pero por lo demás, competición y ciertamente desagradable casi siempre. Al cabo, olvidemos ese segundo tiempo tan lleno de irregularidades, y quedémonos con la sensación que el Sevilla dio en el primero. Venía por la quinta copa gaditana y el camino se le allana. Y esa tan mal entendida competitividad va a tomar tintes barriobajeros en la continuación. Llueven las tarjetas y verá la roja Eguren, pero todo será mucho más grave a la hora de partido. Capel, que ya ha sido zarandeado por Senna anteriormente, es parado de mala manera por Cani y se forma una tángana descomunal de la que salen expulsados el propio Capel y Viera. El partido queda desvirtuado. Juega uno con nueve y otro con diez, nada que ver con lo que aquello había sido. Y pensando las cosas, no termina de encontrarse la explicación por la que hubo tanta gresca en el partido, pues no más parece que ambos hubiesen saltado a cancha con muchas cuentas pendientes. ¿Bolo veraniego? Cualquier parecido con lo amistoso fue pura coincidencia, sin nada que ver con lo que se preveía. Textos extraidos del Diario de Sevilla
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